Reflexiones sobre el capitalismo (III)

Luis Huete y Javier García Arevalillo

Clayton Christensen no ha sido el único en hablar de la necesidad de repensarse el Capitalismo. En la misma publicación, la Harvard Business Review, los máximos responsables de McKinsey, Dominic Barton y Mark Wiseman, publicaron un artículo con más cifras sugerentes… y alguna solución tentativa, muy en la línea de las que defiende el propio Christensen.

Además de mostrar cómo el foco del problema se encuentra principalmente en las creencias con las que operan muchos de los decisores que mueven los mercados (que el bien más escaso es el capital, que lo que cuenta es el corto plazo, etc.), incluye varios datos chocantes:

-        En 1985, Intel cambió el que había sido su principal mercado (la fabricación de chips de memoria) por el de los microprocesadores, porque creían que el futuro iría en esa dirección. Fue un cambio estratégico con muy poco rendimiento los primeros años, pero estratégicamente clave para el futuro de Intel.

-        Empresas como Coca-Cola, P&G o Walmart han tardado más de 11 años en ser rentables en China.

-        El valor de las acciones de Apple en 2001, año de presentación del iPod, bajó un 25%.

-        Más del 85% de los directivos encuestados por los autores para su artículo afirmaron que tener una mentalidad de largo plazo ayudaría sensiblemente en el gobierno de sus respectivas empresas.

Si una empresa acaba evaluando y remunerando a sus directivos con métricas de rentabilidad sobre inversión, como veíamos en el anterior artículo, probablemente desplace de la agenda de esos directivos aspectos como la satisfacción del cliente, la sostenibilidad futura, el propósito que mueve a toda la organización a construir juntos, etc.

Tras la política de remuneración directiva encontramos la mentalidad dominante en el gobierno de una empresa… y quizá el primer punto de cambio hacia un modelo más integrador de aspectos aparentemente contrarios. Tanto Christensen como Barton y Wiseman coinciden en señalar una serie de propuestas que faciliten el tránsito hacia un mayor foco en el largo plazo:

1. Definir objetivos económicos y de crecimiento en un horizonte temporal más amplio, y con un mayor índice de riesgo que fomente una innovación más radical.

2. Congruentemente, definir métricas de largo plazo y más ligadas al crecimiento que al retorno en inversión.

3. Procurar que los miembros del Comité de Dirección sean independientes, con experiencia y con un compromiso en el largo plazo. Lo mismo para los inversores, a quienes podría asignarse una cuota de poder de decisión en función del tiempo de permanencia de sus inversiones en la empresa.

Estas iniciativas son algunos ejemplos de la agenda de reformas que los directivos deberían empujar si quieren tener un capitalismo más funcional y con un mayor grado de aceptación social. Para ello se precisa una buena dosis de las dos variables que incoábamos en el artículo anterior: asertividad para mantenerse firme en su propuesta y foco en el bien general. El cambio es asimétrico. Por eso sus actores son héroes. Cuando se proponen cambios siempre nos encontraremos la férrea oposición de aquéllos a los que les ha ido bien con la situación anterior y el débil apoyo de aquéllos a los que les iría mejor con las reformas. 

Tener una mirada que vaya más allá de los beneficios inmediatos y que conciba la empresa como una entidad con vocación de servicio- no nos cansaremos de decirlo- es un gran paso para entender la raíz del trabajo de un líder: la integración de aparentes contrarios, como pueda ser el corto y el largo plazo; los beneficios económicos, con la creación de valor a los clientes, etc.

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