Reflexiones sobre el capitalismo (I)

Luis Huete y Javier García Arevalillo

Uno de los profesores más influyentes de Harvard Business School se llama Clayton Christensen. Reconocido como una autoridad mundial en innovaciones disruptivas, no limita a estas materias su producción intelectual. En los últimos años ha abordado temas tan fascinantes del tipo de cómo medir el éxito humano o hacia dónde deberíamos llevar el capitalismo para que éste se convierta no sólo en un factor de progreso, sino también de cohesión social. En un reciente artículo en la Harvard Business Review (junio, 2014) cuestiona, a la vista de los datos con los que se cuenta, si es legítimo afirmar que el capitalismo esté funcionando. Christensen no se mete en discusiones ideológicas, sino que parte de una serie de datos:

1. Existe una tremenda liquidez en los balances de las principales compañías del índice bursátil (concretamente, la friolera de 1600 billones de dólares).

2. Esa liquidez no se está traduciendo en la generación de nueva actividad, en innovación… ni en la creación del empleo.

3. Las empresas siguen operando con el paradigma de que el recurso escaso que han de maximizar es el capital. Con este paradigma han creado sistemas de gestión que a la postre desincentivan la inversión en nuevas actividades, la innovación y la creación de empleo.

La discusión de fondo está servida: en un mundo en que la liquidez es elevada ¿son perversas para el largo plazo del ecosistema económico-social las métricas clásicas de retorno de la inversión?

La discusión tiene otra derivada interesante: ¿cómo integrar las herramientas de gestión con la necesidad de crear espacio para que en las corporaciones tengan sitio personas con una psicología menos lineal, pero imprescindibles para el crecimiento, como son los “artistas” y “emprendedores”?

Hay una innovación que Christensen denomina “Innovación creadora de nuevos mercados”. Es la innovación que permite a una empresa hacer llegar su producto a toda una nueva categoría de clientes a los que hasta entonces no llegaba. Por ejemplo: el modelo T de Ford, Nespresso, etc.

Este tipo de innovaciones requiere dos cosas: nuevos modelos de negocio y nuevas tecnologías. Nada de ello es barato y, en ocasiones, incluso hay un posible conflicto de intereses: hacer obsoleto un negocio o una tecnología en donde se tiene una posición dominante.  

La razón por la que muchas empresas están renunciando a esa innovación creadora de nuevos mercados es compleja, y trataremos de analizarla en siguientes posts de la mano de las ideas de Christensen y de nuestra propia experiencia.

Sirva de posible variable explicativa la siguiente: el uso de métricas de retorno de la inversión prima el corto plazo como criterio último de gestión. Ello distorsiona la realidad de una manera que la hiere gravemente: cualquier consideración relativa al largo plazo queda expulsada del mecanismo de decisión. El largo plazo es parte de la realidad y la realidad se demuestra siempre bien tozuda. Quien la ignora se tropieza en ella.

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