Sanando los fracasos y frustraciones de la vida: el papel de un proceso de duelo

A lo largo de la vida todos los humanos experimentan, en mayor o menor medida, fracasos, desengaños y frustraciones. Si no se gestionan bien esos acontecimientos, se corre el riesgo de que las personas queden atrapadas en el pasado y caigan en dos de los sentimientos más nocivos: el resentimiento y la resignación.

Vivir en el pasado, y más aún con los sentimientos de resignación o resentemiento, es un error que se paga caro en el futuro en términos de vitalidad, relaciones y realizaciones humanas. ¿Se pueden experimentar fracasos, desengaños o frustraciones de una cierta entidad sin quedar atados al pasado ni a sentimientos negativos? ¿Cómo hacer que los fracasos o frustraciones se conviertan en una experiencia humanamente enriquecedora?

La solución a estas preguntas está llena de esperanza. Las personas pueden dejar atrás las experiencias negativas. Para ello se requiere hacer un buen duelo. El duelo es un proceso por el cual se acaba consiguiendo que los aprendizajes positivos derivados del acontecimiento negativo sean superiores al dolor experimentado. 

En cierta medida es un proceso liberador por el cual la huella en el corazón que deja la experiencia negativa queda sanada después de haber sido reducida su dimensión subjetiva y de haber sido puesta en la perspectiva de las otras cosas buenas que ha supuesto para uno. 

En la medida en que este duelo se haga bien, la persona que lo realice podrá establecer nuevos vínculos y de mayor calidad con su entorno. En cambio, quien no pasa ese duelo se verá abocado a convertirse en rehén de su propio dolor, y el miedo al duelo y a los fracasos le impedirán rehacer bien su vida. 

Aunque cada duelo reviste matices propios de los protagonistas y las circunstancias, puede establecerse un ciclo que se suele dar prácticamente siempre: las 8 fases del duelo. En las fases que se explican a continuación se va a utilizar como ejemplo uno de los fracasos más dolorosos y frecuentes en la vida: la ruptura de una relación querida.

 

Negación

Cuando un vínculo se rompe, o sucede cualquier otro tipo de revés en la vida, a veces pasa cierto tiempo hasta que se reconoce que “algo no va bien”, o se dan largas al problema, pensando que “ya se arreglará”. Cuanto antes se acepte que una relación está rota o seriamente dañada, o cualquier otro tipo de fracaso o frustración, más fácil resultará después salir adelante (tanto para superar el fracaso como para renovar la relación con bases más sólidas).

 

Protesta 

A nadie le agrada ser responsable de una ruptura o de un fracaso, y aquí es donde entran los reproches. También porque muchos tienen la tendencia a otorgar roles de “culpable” e “inocente” ante cualquier conflicto. Cuando éste afecta personalmente, inconscientemente se tiende a buscar la culpa fuera.

Basta con caer en la cuenta de que en muchas ocasiones no hay culpable claro, y, aunque lo haya, de poco ayuda identificarlo. Si se cargan las tintas en la responsabilidad del otro, uno fácilmente se convierte en rehén emocional de esa persona, dejándose dominar por el resentimiento.

 

Tristeza 

Es el primer signo de verdadero duelo. En cierta manera, dejan de levantarse defensas contra el dolor y simplemente se deja que éste llegue al alma. Es el momento de llorar por el fracaso o la frustración; siendo este acto uno de los más sanadores de todo el proceso.

 

Miedo 

Una vez se es consciente de lo que se ha perdido, y dependiendo de la fuerza de ese acontecimiento, se experimenta un considerable miedo a la nueva situación. Se duda de poder seguir adelante, e impera una sensación de vacío que puede degenerar en miedos y bloqueos. 

Es importante ver que los vínculos o los acontecimientos no definen a la persona en lo más profundo. Se tiene una esencia como persona en base a la cual se pueden regenerar los vínculos perdidos y rehacer la parte de la vida que no está funcionando. Esa capacidad permanece intacta tras una frustración en la medida en que uno no se valore a sí mismo exclusivamente por el acontecimiento negativo que haya podido suceder .

 

Aceptación 

Viene a ser el punto de inflexión del proceso, por el cual se comienza realmente a superar una frustración. Hay que aclarar que ninguna pérdida llega a superarse plenamente, en el sentido de que siempre existirá la herida; pero esto pone en situación de que una experiencia dolorosa haga crecer y permita establecer nuevos vínculos. Es el punto de ruptura de la espiral autodestructiva, y permite comenzar a mirar hacia delante.

 

Renovación 

Una vez que se es capaz de establecer nuevas relaciones o nuevos desafios, todo el dolor de la separación o del fracaso comienza a disolverse. En cierto sentido, establecer nuevos vínculos o nuevas metas viene a ser como volver a la vida después del duelo.

Ahora bien, es importante ser conscientes de hasta qué punto esas nuevas relaciones, humanas o profesionales, son nuevas, o simplemente se proyecta en ellas antiguos vínculos. Si en lugar de abrazar la totalidad de una nueva relación lo que se hace es buscar sustitutivos parecidos a la antigua, lo único que se consigue es prolongar la condición de rehén del propio dolor.

 

Perdón 

Cuando se han establecido nuevas relaciones verdaderas, tarde o temprano se es capaz de echar la vista atrás y perdonar. Perdonar a quien tuviese la culpa (si realmente alguien tuvo la culpa), perdonar al otro y, sobre todo, perdonarse a uno mismo. Es reconocer que todos merecen ser mirados con cariño, sin ser juzgados sólo por sus actos.

Este perdón, lógicamente, ha de ser sentido, no sólo intelectualizado. Pero, si se han ido dando los seis primeros pasos del proceso de duelo de manera correcta, los dos últimos, el perdón y el agradecimiento, son simple cuestión de tiempo.

 

Agradecimiento 

Todo fracaso o ruptura en la vida trae consigo infinitas lecciones de las que uno puede aprender mucho. Ninguna relación o frustación, por nociva que haya sido, puede ser catalogada de estéril. De todo se puede sacar algo: experiencia, recuerdos, autoconocimiento… Con mayor motivo, un vínculo gracias al cual se ha sido feliz un tiempo determinado merece ser mirado con agradecimiento (circunstancias, hechos, personas). 

El agradecimiento es el paso definitivo hacia el final del duelo y la manera más inteligente de no estar atado al pasado.  La vida hay que vivirla con la mente puesta en el presente y en el futuro; no en el pasado. Los sentimientos de resignación y de resentimiento han de dar paso a los sentimientos de aceptación y ambición.

 

BIBLIOGRAFÍA 

KOHLRIESER, George. Hostage at the table.

*Artículo escrito por Luis Huete y Javier García Arevalillo.