Etapas en la vida profesional

Todas las personas estamos medio sometidas a la ley del ciclo de vida. Esta ley sugiere que el perfil de efectividad de las personas a lo largo del tiempo puede tener tres subperfiles: crecimiento, estancamiento y declive. Esta ley se apoya, en parte, en la observación de lo que ocurre en todos los seres vivientes: nacen, crecen y mueren.

Los humanos somos los únicos seres vivos que tenemos el privilegio de alterar la secuencia natural de, primero, crecimiento; después, estancamiento y, más tarde, declive. Un humano puede, y debe, concatenar muchos ciclos de crecimiento antes de entrar en las fases de declive. ¿El secreto? Reinventarse con cierta frecuencia. Cada etapa de la vida requiere cierto cambio, una mejora, en la forma de pensar, trabajar y sentir.

La experiencia también enseña que las personas solemos pasar por ciclos de unos siete años; y que cumplido ese plazo se suele producir un punto de corte y de cambio de tendencia. Es decir, que después de unos siete años de crecimiento se abre una ventana de cambio que puede resultar en el inicio de una nueva etapa que podría ser de estancamiento, declive o, en el mejor de los casos, de aún más crecimiento en la efectividad .

¿De qué depende el perfil de la siguiente fase? ¿Cómo podemos concatenar muchas fases de crecimiento seguidas?

Una parte de la respuesta está en preservar un sano inconformismo que permita cuestionar la forma en la que se hacen las cosas y ambicionar una mejor manera de hacerlas. Para concatenar varios ciclos de crecimiento seguidos en la vida profesional puede ser útil el modelo de las etapas de la vida profesional que suele utilizar el Profesor de IESE JR Pin Arboleda. Con ese modelo uno puede identificar la fase en la que se encuentra y prever los cambios que ha de hacer para entrar en la siguiente fase cuando el ciclo actual se haya agotado.

Las fases son las siguientes:

1. Fase del águila: En esta etapa se planifica el futuro profesional a largo plazo, especializándose en un campo en el que se quiere alcanzar cierto reconocimiento. Las claves del éxito son tener vista de águila, astucia de zorro, habilidad para buscar ayuda y centrar todas las energías en el desarrollo profesional.

Como principal obstáculo a sortear en esta fase destaca la transición, muchas veces difícil, desde un modelo de autonomía propio del estudiante hacia el modelo de dependencia del profesional que ha de estar sometido, por decirlo de alguna manera, a un jefe, unas normas, etc. También es importante saber gestionar el cierto cambio a peor que supone pasar de la variedad del estudio a la rutina del trabajo.

Las principales tareas a realizar en la fase del águila son las siguientes:

  • Otear el horizonte.
  • Colocarse en vientos favorables para planear sin esfuerzo.
  • Desarrollar una competencia especializada, liderando por expertise.
  • Obtener un mentor que aporte conocimientos y habilidades técnicas y que ayude a superar los primeros tropiezos.

Superada esta fase, que podría durar esos siete años a los que nos hemos referido, se procede a entrar en la siguiente fase: la de la araña.

2.  Fase de la araña: En la fase de la araña la clave está en conseguir una red de relaciones valiosas y en consolidar las habilidades de directivo. Es la etapa de la movilidad, desde el punto de vista de encargos de responsabilidad; en la que se debe se optar por los mejores puestos de trabajo dentro de la empresa en la que se está o en otras.

En esta segunda fase, el directivo debe aprender a desarrollar sus cualidades profesionales y humanas para estar a la altura de las nuevas responsabilidades, a la vez que ha de tener la paciencia propia de una araña que teje su tela sin descanso y adquirir la sabiduría del filósofo que ve la realidad con todos los matices, sin querer distorsionarla en beneficio propio.

Una persona en esta fase ha de hacer frente a los siguientes desafios:

  • Aprender a  manejar el poder para poder ejecutar proyectos.
  • Hacer frente a las dependencias de los subordinados que buscan dirección, claridad, motivación, etc.
  • Gestionar el riesgo de las posibles malas prácticas de sus subordinados.
  • Aprender a delegar.
  • Gestionar a su propio jefe.
  • Manejar al que se cree que lo sabe todo.
  • Tejer relaciones con colegas, staff, proveedores y clientes.

Las tareas prioritarias para hacer frente a los desafíos suelen ser las siguientes:

  • Enriquecer la red de conocidos internos en la organización.
  • Aprovechar las oportunidades de asumir más responsabilidades que vayan surgiendo.
  • Enriquecer la red de relaciones en el exterior.
  • Hacerse visible en el mundo empresarial en el que se quiere prosperar. Ir creando una marca personal que te singularice en el mercado del talento.
  • Apostar por una formación más holística que permita entender mejor el todo.
  • Asentar buenos hábitos del carácter como pueden ser la ilusión, alegría, curiosidad, etc.
  • Desarrollar el estilo explicativo de aprendiz para continuar aprendiendo.
  • Seleccionar un segundo mentor que ayude a enriquecer las redes internas y externas y proporcione consejo en las promociones y ascensos.

En el momento en que uno da por concluida la fase de araña está en condiciones de optar a una fase más retadora y difícil, que es la fase del canguro.

3. Fase del canguro: En la fase del canguro se realiza un gran “salto” a otra empresa o a otro menester y, normalmente, el salto se realiza con parte del equipo (como el canguro con su cría dentro del marsupio). Parte de ese equipo suele estar compuesto por las personas más cecanas, como pueden ser su mano derecha, su secretaria, etc. Las personas con clase hacen todo lo que está en su mano para que este salto no deje agravios ni malas memorias y se convierta en una oportunidad de progreso en cuanto a imagen y responsabilidad.

En esta fase se debe aprender a ser mentor de otras personas y, sobre todo, a mantener un sano equilibrio dinámico entre las facetas profesional, personal y familiar.

Los principales desafíos a los que se enfrenta un profesional para hacer que esta tercera etapa sea un éxito son los siguientes:

  • Calibrar cuándo, cómo, con quién y a dónde “saltar”.
  • Evitar la precipitación
  • Evitar la cobardía y la comodidad.
  • Gestionar crisis personales motivadas por el exceso de trabajo o de foco en un tema.
  • No perder el sentido de la realidad.
  • Tomar algo de distancia con los mentores anteriores y con alguna persona de su equipo.
  • Gestionar la posible arrogancia que pueda ocasionar el éxito en esta etapa.
  • No dejar que la ambición se torne egoísmo. 

La buena gestión de la fase del canguro debería dar lugar a la fase del búho, la etapa más rica y de mayor madurez de los profesionales.

4. Fase del búho: Esta fase es la culminación de una vida profesional bien gestionada. La fase del búho viene marcada por la sabiduría adquirida con la experiencia, de forma que la persona en cuestión es capaz de “ver de noche”, es decir, de conocer con bastante precisión qué es lo que está pasando, anticiparse a los hechos y tomar decisiones complejas.

Para llegar a ser búho hay que haber logrado una armonía entre el cerebro y el corazón, y en las distintas facetas de la vida. La fase del búho conlleva también un esfuerzo de mejora personal a través de la formación, la lectura y la reflexión. También presenta el desafío, en los últimos momentos de esta fase, de estar atento a las olas de cambio y de saber abandonar el poder sin estorbar, dejando paso a nuevos “águilas, canguros y arañas”, quienes serán los responsables de dirigir la la empresa con una intervención del búho cada vez  menor.

Estas son la cuatro fases de la vida de un profesional. En todas ellas hay una tensión entre las dos grandes variables de control y flexibilidad que se va resolviendo en las últimas fases. No es cierto que sean auto excluyentes. De hecho, la tarea consiste en hacer que sean convergentes.

Una vida profesional bien llevada debería hacer posible el pasar de una fase a otra, como media, cada siete años. Sin embargo, por desgracia, no siempre pasa. Los profesionales pueden llegar a fracasar o estancarse en alguna de ellas. Los procesos de siete años se pueden acelerar, y puede que no sean tan lineales como hemos descrito anteriormente. Lo importante es aspirar a poder ser búho en un tiempo razonable y en saber alargar esta etapa hasta el fin del proyecto profesional.