El perfil amarillo o influyente

Siguiendo la temática que comenzamos hace dos semanas, abordamos ahora el segundo cuadrante del comportamiento: el amarillo o latino. Este es el color representativo de la combinación entre emotivo y extrovertido, que genera lo que se llama una psicología influyente o latina. Estas personas pueden llegar a ser sobresalientes en flexibilidad, creatividad, capacidad intuitiva, improvisación, comunicación, creación de red de conocidos, dotes comerciales, olfato por las tendencias, capacidad comercial, creación de personalidad en las marcas, posicionamiento, gusto por lo estético, sentido mágico, persuasión, diversión, etc.

Quienes tengan mucho amarillo en su talento, y poco de los otros colores es muy probable que acaben siendo personas necesitadas de aplauso, superficiales, snobs, volubles, inconstantes, desordenadas, exageradas, con tendencia a mentir, poco atentas al detalle, promiscuas, carentes de método, etc.

La psicología amarilla tiene especial sensibilidad para las cuestiones de largo plazo y aquellas relativas a la efectividad de las decisiones. También se caracteriza por entender y explicar bien los “porqués” y los “qué” de las decisiones.

Los amarillos se mueven principalmente por el deseo de variedad, diversión, o sorpresa. Esos deseos condicionan su mirada sobre todo lo que les rodea, sobre lo que sucede a su alrededor. ¿Y a qué parte de la realidad van a prestar más atención? A aquella en la que se proyecten mejor sus deseos de variedad. Si el sesgo es excesivo se vuelve al riesgo de crear una distorsión cognitiva con el consiguiente peligro de que se generen trastornos de conducta.

Del deseo de variedad mal gestionado pueden surgir otros dos trastornos de conducta:

-       La conducta adictiva, en la que se pierde el control sobre algún aspecto de la vida personal. Puede ser la bebida, el tabaco, el juego, las drogas, el sexo, el trabajo, internet, el poder, el dinero y un largo etcétera que incluiría todas aquellas cosas atractivas a las que se puede acudir para buscar diversión, novedad y satisfacción inmediata. La conducta adictiva también es frecuente entre directivos. Lo que empieza como un divertimiento o un capricho puede acabar siendo una enorme servidumbre en la que la fuerza del hábito es superior a la voluntad que pudiera ser movida por la razón y sus consideraciones sobre lo que es conveniente y no solo “gustoso”.

-       La conducta narcisista es aquella que busca ser el centro de atención, y en la que prima una imagen de uno mismo idealizada, se sobreestima el talento personal y se tiene una excesiva necesidad de admiración y afirmación. Una manifestación de este trastorno es un egoísmo elevado con la consiguiente desconsideración de las necesidades y sentimientos ajenos. Al final, esa es la paradoja, suele coincidir con un nivel de autoestima bajo o como mínimo erróneo.