Trotsky, la caída de un héroe de guerra

“La Oposición Obrera ha presentado lemas peligrosos. Han convertido en fetiches los principios democráticos. De alguna manera, han colocado el derecho de los trabajadores a elegir a sus representantes por encima del partido, como si el partido no tuviese derecho a defender su dictadura incluso si esta choca temporalmente con los deseos temporales de la democracia obrera.” León Trotsky, intervención en el X Congreso del Partido Comunista de la URSS.

Trotsky fue el gran perdedor de la guerra de poder que sucedió a la muerte de Lenin. Venía de ser el gran ideólogo de la Revolución, casi en paridad con Lenin. León Trotsky, intelectual arisco que asumió en 1918 el Alto Mando de los ejércitos soviéticos y, en dos años, derrotó a invasores y amotinados por toda Rusia, salvando al régimen bolchevique de enemigos internos y extranjeros. Una leyenda del comunismo que tuvo que sufrir en carne propia la inhumanidad de su propia criatura…

Trotsky no se hizo comunista enseguida. Comenzó la universidad riéndose del marxismo de quien más adelante sería su primera mujer. Ni estaría alineado con Lenin durante muchos años, al apoyar las tesis de los mencheviques (moderados) frente a los bolcheviques del gran ideólogo comunista. Pero quizá sea el principal responsable de que el régimen de la URSS no naciese muerto, de que no sucumbiese a las primeras crisis que afrontó. Y también la persona que dirigió, en ausencia de Lenin, la Revolución de Octubre…

Pero hay dos aspectos de su biografía que llaman especialmente la atención, que nos ayudan a entender el destino de uno de los grandes ideólogos comunistas del siglo XX. Porque muestran la vertiente tremendamente ideológica del personaje, así como un enorme realismo, en una combinación aparentemente imposible…

El primero es el que precedió a la declaración que abre este artículo. Fue durante el X Congreso del Partido Comunista, que debía aprobar o rechazar la propuesta de militarización de las partidas de granjeros, ideada por Trotsky. Corría el año 1920, y las guerras civil y polaca habían afectado profundamente a la economía. Los granjeros, ante la ausencia de incentivos por la supresión del comercio, sólo producían para sí mismos, poniendo en peligro el sustento alimenticio de las ciudades.

En esta situación, Trotsky pensó que la estructura aplicada al Ejército podía funcionar en el campo, estableciendo regimientos de granjeros fuertemente controlados por comisarios para que cultivasen lo que mandaba el Estado. Los sindicatos se quejaron, porque significaba ir contra la libertad de aquellos a quienes la Revolución había venido a liberar. ¿No eran estas políticas peores que las del zar?

La propuesta que triunfó fue una solución intermedia, en la que se afirmaba la preponderancia del partido sobre los sindicatos pero se daba a estos una cierta autonomía. Más adelante, hacia el final del gobierno de Lenin, éste aprobó por sugerencia de Trotsky un paquete de medidas para liberalizar parcialmente el comercio interno. Medidas que desbarataría Stalin para imponer la militarización de nuevo, la propuesta inicial de su archienemigo…

La segunda concierne a su despunte como militar. En marzo de 1918 acepta ser Comisario de Defensa, y no abandonaría el frente en los siguientes dos años y medio. Él, que tan firmemente había defendido el pacifismo antes de la Revolución; él, que no tenía ningún tipo de experiencia militar anterior…

Quizá sea el ejemplo más claro de pragmatismo que encontramos en su biografía. Porque podemos afirmar, con pocas probabilidades de equivocarnos, que su liderazgo salvó la URSS de una muerte prematura por la invasión polaca y la guerra civil de esos primeros años.

Trotsky supo poner el pragmatismo por encima del idealismo, por ejemplo prescindiendo de las milicias ciudadanas que había preconizado como el futuro del ejército ruso. Se dio cuenta de que así no podría vencer a ningún ejército, y suscitó su primera reforma: al menos dos tercios de los oficiales del nuevo ejército debían ser antiguos oficiales del régimen zarista... controlados por comisarios políticos y con sus familias debidamente amenazadas.

El otrora pacifista acabó mostrando que solamente estaba en contra de las guerras no adecuadas para el alimento de la Revolución. Pero ya entonces su natural arisco comenzó a aislarle de sus aliados, y quienes después conspirarían contra él iniciaron su campaña de derribo por entonces: Stalin, Kámenev y Zinóviev. Es en cierta medida trágico contemplar cómo el aislamiento político de un líder puede contrarrestar completamente la fuerza de sus logros pasados y futuros. De Trotsky fue el mérito de salvar la Revolución, pero no fue capaz de aprovecharlo para mantenerse en el poder después de Lenin.

Trotsky sacrificó muchas cosas por la Revolución, convirtiéndose en el más resolutivo y capaz de sus líderes. Sin embargo, acabaría desapareciendo de la Historia soviética por Stalin, que llegó a borrarle de las fotos icónicas de Lenin, con quien siempre compartía sitio de honor en los discursos… No supo luchar contra lo que después, en su exilio, llamaría las fuerzas burócratas del partido, y que a sus ojos habrían traicionado la Revolución y acabarían devolviendo a Rusia al odiado capitalismo…

Quizá, al ver asesinados uno a uno a sus seres queridos a manos de Stalin, le asaltaría el terrible remordimiento de que fueron él y Lenin quienes decidieron que el partido (el fin) debía ser siempre preponderante sobre los medios: la democracia y el respeto a las personas. Quizá comprendería entonces, trágicamente, que él había creado y alimentado al monstruo que acabaría matándolo a él y a millones de compatriotas suyos. 

Por Luis Huete y Javier García