Profundizando en los conflictos personales

En la raíz de todo conflicto personal encontramos una crisis, o un vínculo dañado en peligro de romperse. Y una dificultad, grande o pequeña, para afrontar esa pérdida, ese vínculo dañado. Podemos verlo si profundizamos en un ejemplo sencillo y cotidiano: la falta de entendimiento entre dos personas con roles distintos en el equipo.

Todos hemos sentido el conflicto cuando una persona del propio equipo, de la misma empresa, plantea una forma de afrontar un problema opuesta a la nuestra.  Quien hasta ahora era un compañero pasa a ser una especie de obstáculo a sortear. El vínculo con la otra persona se resiente, y si no se gestiona bien el conflicto puede llevar a un empobrecimiento de la relación.

El gran peligro es acabar “personalizando” el conflicto: no se respeta mi trabajo, se ignoran mis aportaciones, etc. La clave, venimos diciendo, estriba en la forma en que se interprete la situación. Un intérprete pobre llevará a una estrategia defensiva, en la que concebimos la situación como un ataque personal. Un intérprete rico pasará por encima de la molestia en el primer plano para ver la situación con mejor perspectiva, poniéndose en la piel del otro y entendiendo sus razones, aunque no las compartamos. Y, por supuesto, profundizando en el porqué de mi propio malestar, para evaluar si realmente el conflicto es tan grave como a priori parece.

Muchas veces, tras la dificultad de afrontar un conflicto encontraremos una parte de nosotros que se siente vulnerada: nuestro miedo a quedar mal, a ceder; nuestra susceptibilidad ante ciertas formas de expresar opiniones en nuestro entorno, etc. Si no abordamos estos aspectos, conflictos que desde fuera se ven como inocuos y normales pueden enquistarse y no resolverse, aunque al final se llegue a una aparente solución. Y esta es una labor que nos toca hacer a cada uno, con madurez.

El efecto “pérdida” suele acompañar a los conflictos y es la causa de que se personalice la situación en exceso, de que se aborde desde una postura demasiado emocional. Típicamente nos revolcamos interiormente cuando sentimos que perdemos control, influencia, conexión, visibilidad, expectativas de futuro, propósito, afecto, etc.

Gestionar los conflictos de una forma constructiva no tiene por qué destruir los vínculos entre las personas. Si se genera un entorno en el que la sana discrepancia es bien percibida, se están poniendo las bases para que el talento de las personas se renueve y se puedan crear relaciones maduras en las que ambas partes se beneficien.