Los juegos de poder en Juego de Tronos (III): La Araña

“ -¿Y a quién sirves tú?

- Sirvo al reino, Lord Stark. Alguien debe hacerlo.”

Ned Stark, señor de Winterfell y protagonista del primer libro de Canción de Hielo y Fuego, se encuentra preso del nuevo rey, Joffrey Baratheon, por apoyar para la sucesión a otro candidato: Stannis Baratheon. 

Parece que no hay esperanza para Ned, que ha ido a enfrentarse a la familia que mejor ha sabido jugar el juego de tronos… hasta la fecha. Y de repente aparece en su celda, envuelto en harapos para no llamar la atención, el Consejero de los Rumores en persona, Varys. Algo parecido al jefe del KGB, con redes de espías desperdigadas por todo el mundo.

Varys es una de las figuras más controvertidas e interesantes de toda la saga. Ha servido a cuatro reyes hasta el momento, tras conseguir ser perdonado y “contratado” por el rey Robert Baratheon. Algo inaudito si lo pensamos fríamente: el jefe de Inteligencia de un reino es la última persona que querría tener cerca alguien que usurpa el trono… 

Además, es un hombre marcado por el dolor: fue esclavo en su juventud. Castrado por su dueño, fue abandonado en las calles, donde aprendió a robar. Se asoció con un comerciante, que acabaría siendo su mejor amigo, y ambos prosperaron hasta que su fama llegó a oídos del rey. Desde entonces, Varys y su red de espías controlan todo lo que sucede en Poniente y, en buena medida, en el resto del mundo. 

Es decir, una historia relativamente parecida a la de Petyr Baelish, el personaje que analizábamos la semana pasada… 

De hecho, la historia de conspiraciones que rodea el trono desde la primera página parece el campo de batalla de estos dos maestros del subterfugio y las grandes jugadas políticas.

Pero no son, ni de lejos, el mismo tipo de persona. 

Volviendo a la celda de Ned Stark, injustamente encarcelado, nada lleva a pensar que Varys intente salvar a un jugador “quemado”, derrotado. Pero eso es exactamente lo que sucede: Varys le propone una salida, convertirse en Guardia de la Noche, renunciar a su condición de Señor y “pagar” sus crímenes custodiando el reino en el Norte. 

Es entonces cuando tiene lugar el breve diálogo con el que abríamos el artículo. Y Varys se manifiesta como alguien que, sinceramente, piensa en lo que es mejor para el reino; para todos sus habitantes, no solo para la casa que esté en el poder o para él mismo. 

En este punto estribaría la principal diferencia con Baelish: Varys parece actuar buscando el bien común y la estabilidad; su oponente parece apostar por sembrar el caos y aprovecharlo para prosperar y arrebatar al mundo lo que no le concedió por nacimiento. 

Y es que en la conducta de todo líder se mezcla una agenda institucional con otra más personal. Y esa agenda personal puede ser escalofriantemente perversa si el personaje se instala en su peor versión como persona.  

Aún están por desvelarse las jugadas maestras de estos dos jugadores, hechos a sí mismos y marcados por el dolor. Y tal vez nos llevemos alguna sorpresa. Pero por lo visto hasta ahora, podemos comprender dos formas muy distintas de afrontar el sufrimiento y la injusticia, y de aprovechar los propios talentos: Varys, obligado a robar para sobrevivir, aprende a emplear esa habilidad y su inteligencia para obtener un puesto de responsabilidad que le permita velar por el bien de todo el pueblo (aunque, insistimos, no todo es blanco y puro en este personaje, como en ninguno creado por George Martin). Baelish, por el contrario, utiliza su rabia y su inteligencia para quemar el mundo que le rodea… y reinar sobre sus cenizas. Todos somos en buena medida producto de nuestras decisiones; decisiones que se sustentan en nuestra manera de pensar y de sentir los sucesos de nuestra vida. 

Por Luis Huete y Javier García