Los juegos de poder en Juego de Tronos (II): "La información es poder"

Esta misma semana se han desclasificado varios años de ejemplares del diario más exclusivo del mundo: el “Daily Brief” que los analistas de la CIA preparan diariamente al presidente de los EEUU y cuya tirada se reducía a un único ejemplar diario de lunes a sábado. No hace falta ser amante de las novelas de espías para imaginar la importancia de lo contenido en esos diarios. Todos tenemos una experiencia bien tangible de que el conocimiento, en sus múltiples formatos, es fácilmente traducible en poder.

Hay dos personajes en Juego de Tronos que ilustran perfectamente esta correlación entre información/conocimiento y poder: Petyr Baelish, apodado “Meñique”, y Varys, apodado “La araña”. En este artículo nos centraremos en una escena protagonizada por el primero, y dejaremos a Varys (uno de los personajes más interesantes de toda la saga) para otro post.

Petyr Baelish nace en el seno de una familia menor, pero tiene  la fortuna de acabar protegido en la corte de una de las familias más poderosas de Poniente: los Tully. El adolescente Baelish se enamora locamente de una de las hijas Tully, Catelyn, quien a su vez está prometida con el heredero de la familia Stark. En un arranque de romanticismo, Baelish reta a un combate al prometido de su amada, y acaba recibiendo una paliza de la que tarda días en recuperarse físicamente. Emocionalmente nunca se recuperará. Y de estos complejos emocionales no suele salir sino una desequilibrante sobrerreacción.

Ese día Petyr aprende una importante lección: en el mundo en el que vive no hay sitio para personas como él, de baja cuna y con poca presencia física. Pero nada desea más que ascender todo lo alto que pueda, a toda costa. Y es tremendamente inteligente. Así que se convierte en el Maquiavelo del reino. Y no tarda en prosperar en los negocios, que le aúpan a un puesto en la Corte del Rey: Amo de la Moneda (una especie de Secretario del Tesoro).

Baelish no deja de jugar el juego del poder con la intensidad propia de quien tiene cuentas pendientes. Coloca hombres suyos en puestos clave de gobierno y compra las voluntades de familias nobles con problemas pecuniarios.  En esta posición está cuando le conocemos en la serie.

Tras los sucesos que conducen a la deposición de Ned Stark como Mano del Rey (y lo que sucede después con este personaje), Baelish tiene un encuentro con Cersei Lannister, principal rival de Ned Stark y reina regente. Todos los sucesos de la primera temporada/novela vienen desencadenados por un hecho: la relación incestuosa de Cersei con su hermano Jaime, que de demostrarse privaría del trono a los hijos de Cersei. Ned Stark jugó mal su baza, pero Baelish es un jugador más hábil.

Ante un encargo delicado de Cersei, Petyr insinúa que conoce perfectamente la relación incestuosa, y que podría llegar a revelar pruebas. Es una medida clásica para ejercer poder sobre otro: la amenaza basada en información privilegiada que no conviene se haga pública. Y remata Baelish: “Hay algo que he aprendido a lo largo de estos años: la información es poder”.

Este ha sido, efectivamente, el vehículo de Baelish para acumular más y más poder, y lo está ejerciendo ahora sobre la mismísima reina regente. Baelish está a punto de aprender otra valiosa lección.

“¡Guardias, apresadlo!”. La expresión de Petyr ante la orden de la reina no tiene precio.

“Cortadle el cuello”. Cuando los guardias están a punto de ejecutar la orden, Cersei vuelve a hablar:

“Esperad. He cambiado de idea. Liberadlo.”

Luego se acerca al aturdido Baelish y le susurra:

“El poder es poder. Cuento con que cumplirás mi encargo.”

El personaje de Cersei, que tanta lecciones sobre poder ofrece a lo largo de la saga, al igual que la relación incestuosa con su hermano, está basado en un personaje real: César Borgia. En la saga se intercambian los roles, teniendo Cersei el perfil de César y Jaime más el perfil de Lucrecia.

César y Lucrecia eran los dos hijos mayores de Rodrigo Borgia, quien llegaría a ser papa con el nombre de Alejandro VI. César tenía una personalidad arrolladora, y una avidez aún mayor que la de su padre por el poder. Mantuvo toda su vida el ideal de unificar bajo su mando a toda Italia.

No es casualidad que atrajese la atención de un prominente político reconvertido a escritor: Nicolás de Maquiavelo. En César Borgia pensaba Maquiavelo al escribir “El Príncipe”. Una vez más, la realidad supera la ficción… O más bien, la ficción bebe de la realidad.

Si algo queda claro con estos personajes es que la distancia entre la peor y la mejor versión de las personas puede ser escalofriante. Y que las personas no somos fruto de nuestras circunstancias sino de las decisiones que tomamos. 

Por Luis Huete y Javier García