La odisea de Shackleton (II): A grandes desafíos, mejor preparación

En los dos años que estuvo preparando la expedición, la preocupación de Shackleton se enfocó en dos frentes: la búsqueda de financiación (necesitaba una inversión equivalente a más de 4 millones de dólares actuales) y la preparación logística y técnica de la expedición.

Solo las personas fuertes, constantes y minuciosas, como era el explorador, pueden afrontar con éxito los grandes desafíos. La forma de afrontar la preparación logística es inspiradora porque ciertamente hablamos de una expedición de dimensiones inéditas en la Historia.

Otras expediciones habían tenido como objetivo llegar al Polo Sur. La ruta estaba clara y había sido ya explorada por anteriores expediciones. La de Shackleton era otra historia. Para empezar, necesitaría dos barcos acondicionados para navegar en las condiciones más extremas: uno, llevaría al grupo explorador hasta atracar en el mar de Weddell, uno de los puntos de acceso más difícil por la formación inesperada de placas de hielo que pondrían a prueba la solidez del mejor barco. Quizá por eso Shackleton rebautizó el barco que adquirió para esta parte del viaje con el nombre Endurance, en honor a su propio lema familiar: “By Endurance We Conquer”.

El otro atracaría en el extremo opuesto, en el mar de Ross, a la espera del grupo expedicionario. Y entre ambos puntos 1500 millas prácticamente ignotas para quienes afrontarían la caminata. Más de 2400 kilómetros en las condiciones más extremas, a un ritmo de 24 kilómetros por día, casi la misma velocidad que la expedición de Amundsen, reconocido como el explorador más rápido de la Antártida.

Todos los detalles de la expedición técnica destilaban un punto de locura por su dificultad. Razón de más para cuidar hasta el más mínimo detalle. Y llama muchísimo la atención, en este sentido, el proceso que siguió Shackleton durante la preparación. Por ejemplo en el aspecto alimentario. Cuando el campo de la dietética daba aún sus primeros pasos, y la relación entre el escorbuto y la vitamina C sólo se intuía, Shackleton se puso en manos de un renombrado investigador químico: el Mayor Wilfred Beveridge, que diseñó para la tripulación una ración diaria de 3000 calorías con todos los nutrientes que el organismo necesitaba en esas condiciones.

Pero si algo brilla por sí mismo en los preparativos de Shackleton es la selección de su tripulación. Al anuncio que aparentemente publicó en los medios le respondieron unas 5000 personas, que Shackleton al parecer dividió en 3 categorías: “Loco”, “Desesperado” y “Posible”. Sus dos criterios iniciales para decidir a quién entrevistaba es que fuesen de la categoría “posible”… y que su instinto le indicase que podían ser buenos candidatos.

El director de teatro Bridges Adams, amigo de Shackleton, hablando un día con éste sobre sus criterios para contratar a la tripulación, recuerda lo mucho que se parecían sus ideas a las que le guiaban a él a la hora de contratar artistas para la compañía de teatro que dirigía: lo primero en lo que se fijaba era en el carácter jovial y optimista del candidato. En su simpatía y sencillez.

La preocupación de Shackleton no se centraba tanto en la preparación técnica de los tripulantes, sino en el equilibrio de personalidades, de caracteres, que tendrían que convivir y trabajar juntos tantos días en situaciones tan extremas. Así, en una de las entrevistas, le preguntó al candidato Alexander Macklin, médico, por qué llevaba gafas cuando afirmaba tener una perfecta visión. Cuando el doctor le respondió que un rostro sabio debía adornarse con unas gafas, Shackleton soltó una carcajada y lo contrató.

Pero el criterio de la personalidad no era el único: Shackleton solicitó directamente a dos marineros que formasen parte de su tripulación. El primero, Tom Crean, tenía fama de borracho. Pero también se sabía que había participado en la última expedición de Scott, y que cuando el desastre sobrevino, Tom salvó la vida de dos hombres transportándolos en trineo a través de 20 millas de hielo en dos días, sin siquiera parar a comer.

El otro miembro de su tripulación a quien no necesitó entrevistar fue Frank Wild, compatriota y compañero en su anterior expedición. Tras haber vivido tanto juntos, la confianza entre ambos era inquebrantable. Shackleton lo contrató como segundo de la expedición cuando Wild se presentó voluntario, instantes después de anunciarse la convocatoria para la tripulación del Endurance

De la forma en la que Shackleton enfocó la preparación técnica de la expedición se pueden extrapolar varias ideas valiosas para el mundo de los negocios y que resumidas podrían ser estas:

  • A mayor dificultad de los “mercados”, más importante es una buena preparación.
  • El papel del olfato de los “artistas” en la buena preparación (¡no todo es técnica!).
  • La importancia de la personalidad del candidato para su encaje en el proyecto.
Por Luis Huete y Javier García