La fórmula del progreso se compone de cuatro ingredientes

Hace unas semanas estuvo en Madrid Salim Ismail, el fundador de Singularity University, una institución que cuenta entre sus socios con la NASA y Google.  Es una institución que pretende ser trasgresora en sus planteamientos académicos, y con una fuerte apuesta por la innovación y el espíritu emprendedor.

Uno de los asistentes le preguntó su opinión sobre el futuro de Europa. Su contestación: Europa tiene futuro, pero a los europeos nos toca, como a tantos otros, reinventarnos. Ismail utilizó una metáfora propia de los ordenadores:necesitamos un reboot, apagar y encender, por aquello de dar oportunidad a las partes a que se reconfiguren de una manera más armoniosa.

Europa necesita reinventarse, como le pasa también a la mayor parte de las empresas y a casi todos nosotros.

Para la reinvención que nos sugiere Ismail, voy a emplear como modelo de fondo el que aparece en la Figura 1. Lo llevo utilizando bastantes años para describir las cuatro capacidades personales, organizativas, etc.

El modelo consiste en dos variables con sus extremos: racional vs emocional. La otra variable: capacidades reflexivas y afirmativas. Las dos variables si se mezclan producen cuatro cuadrantes. La tesis es que es fundamental equilibrar los cuadrantes, ya que la vida los desequilibra constantemente. Cuando se logra equilibrarlos y que las capacidades representadas en cada cuadrante sean altas, se produce el “milagro” de la energía efecto de la fusión de aparentes contrarios.  

Las personas que se mueven bien en los terrenos que requieren capacidades racionales y reflexivas (el cuadrante germánico) y a la vez se sienten cómodas con materias que precisan capacidades emocionales y afirmativas (el cuadrante latino) acaban consiguiendo cosas espectaculares. Igual con la otra diagonal de capacidades (cuadrantes anglo-sajón y asiático o nórdico). La fusión de capacidades en cuadrantes situados en la diagonal es muy sugerente y tiene efectos espectaculares.

La fórmula del progreso que proponemos se compone de 4 ingredientes; cada ingrediente corresponde a uno de los cuadrantes de la Figura 1, con lo que son “estructuralmente” distintos. Los ingredientes se pueden ver en la Figura 2 y son los siguientes.

Inspiración: ilusión, asombro, certeza, y capacidad de vislumbrar cosas nuevas. Es una condición sine qua non para este reboot. Esto nos plantea a todos un desafío: ¿cuáles son las fuentes de inspiración que mejor funcionan para uno?, ¿dónde me inspiro? Hay que tener en el radar libros, autores, seminarios, vídeos, lugares…, que nos ayuden a conectar con ideas que sean ilusionantes, que nos abran vías a la esperanza, y que hagan que nuestro sistema reticular se calibre  para buscar información sobre aquello que sea inspirador e ilusionante.

Complicidad: es la capacidad de construir una red de apoyo y de gente cercana con la que te entiendes y que, de alguna forma, apuesta por tu éxito. Personas con las que se conecta intelectual y emocionalmente; personas que  ponen a nuestra disposición recursos, aunque sean inmateriales,  para conseguir la reinvención.

Conocimiento: son ideas nuevas, metodología nueva o formas de trabajar mejores. No hay salto hacia delante, si no se añade a la inspiración, y a la complicidad, un nuevo conocimiento aunque sea en forma de una nueva forma de organizarse.

Disciplina: sin ella, las cosas que requieren un largo plazo, no salen. Los periodos de maduración de los proyectos más valiosos son largos y las primeras etapas de los mismos son remar, y remar sin ver resultados. Sólo los que tienen la perseverancia, la fuerza de voluntad de seguir, son los que ven los frutos de todo el duro esfuerzo del principio. Para reinventarse hace falta una cultura de disciplina, de exigencia, de estándares altos. La repetición es la madre de los mejores hábitos.

Cuatro ingredientes. No son muchos. Pero son de naturaleza distinta. Dos más emocionales y dos más racionales. Dos más propios de personas reflexivas, dos de personas más afirmativas. El secreto está en el equilibrio dinámico: mucha inspiración y mucha metodología. A la vez. Y mucha disciplina con mucha complicidad.

Los contrarios, cuando se integran, son una bomba. Es lo que necesita Europa, nuestras empresas y muchos de nosotros.

Artículo originalmente publicado en El Confidencial (13.03.13)

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