Entendiendo a una generación

Luis Huete y Javier Gª Arevalillo

No por conocida deja de impresionar la historia de Nick Alkemade, sargento de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial. En marzo de 1944, pocas semanas antes del día D, su avión partía en misión a bombardear Berlín. Misión que llevó a cabo, pero en el viaje de regreso su escuadra fue atacada por una partida de cazas Junkers alemanes. Era famosa la vulnerabilidad de los bombarderos frente a los ágiles cazas, que causaron estragos en el 115º Escuadrón de la Royal Air Force.

Como resultado de ese ataque, el avión de Nick fue incendiado, y nuestro sargento tuvo que escoger entre dos muertes: saltar al vacío (su paracaídas había ardido) o morir achicharrado dentro del fuselaje de su avión. Rápidamente escogió la primera opción, y saltó al vacío desde una altura de 6000 metros.

Como al parecer suele suceder en estos casos, Nick perdió rápidamente el conocimiento. Se despertó sobre un manto de nieve de 46 centímetros de espesor, con una simple torcedura de tobillo. En la cuenca del Ruhr, zona sobre la que se produjo el ataque alemán, abundan dos cosas en marzo: la nieve y los frondosos abetos. Las ramas de estos últimos habían amortiguado la caída sobre el lecho de nieve, y Nick pudo ser capturado con vida por los alemanes. Se convirtió en una leyenda de los campos de prisioneros, y finalmente pudo regresar a su Inglaterra natal y proseguir con su trabajo en una planta química. Murió en 1987 en el lecho de su casa.

Historias como ésta se cuentan por centenares. Tal vez no tan espectaculares, pero desde luego tremendas en su dureza, en el límite al que llevaron a sus protagonistas. Quienes poblaron los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial formaron una generación que, al volver diezmados de la contienda, acometieron la ingente tarea de levantar sus países. Por algo es conocida como “The Greatest Generation”,  la generación más grande. Fueron los padres de los “Baby-Boomers”, y abuelos/bisabuelos de las posteriores generaciones X e Y, esta última también conocida como “Generación Facebook” o “Millenials”.

Una generación se explica principalmente acudiendo a los sucesos que la han configurado, a ella y a sus generaciones predecesoras. Y es que al final todos somos, en parte, hijos de los estímulos que recibimos. En el caso de la generación que sangró en las playas de Normandía, es sencillo ver qué la labró: la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción posterior. Y se entiende el tipo de educación que transmitieron a sus sucesores, los Baby-Boomers.

Esta generación aprendió rápido una lección: si se quiere algo de la vida hay que luchar denodadamente para conseguirlo. Nada es gratis, todo lo que vale cuesta esfuerzo. Sus padres habían pasado la adolescencia y la juventud combatiendo, así que nada de tonterías. Quizá por eso reaccionaron con un cierto “rebote”: mayo del 68, movimiento hippie, Woodstock… Lo interesante es comprobar que, conforme pasaron los años y las modas, esa generación aplicó los principios aprendidos de sus padres y se dedicó a trabajar con la misma intensidad con la que se habían entregado a las protestas de juventud.

No les fue mal, impulsados por un período de bonanza económica sin precedentes en la Historia. Trabajaron duro, pero los resultados fueron abrumadoramente superiores a lo esperado por muchos de ellos. Conviene recordar aquí una simple fórmula que “modeliza” nuestra satisfacción ante lo que vivimos:

Satisfacción = Realidad – Expectativas

Es una fórmula interesante por su sencillez, y, a la vez, profunda. Por realidad entendemos lo que sucede, lo real; y las expectativas vienen a reflejar la pretensión que teníamos sobre “lo que tendría que pasar”. Si la realidad es mejor de lo esperado, la satisfacción es alta. En el caso de los Baby-boomers y los integrantes de la generación X (los nacidos en los 60-70) la realidad (en el plano del éxito laboral/económico) fue, por lo general, muy superior a lo esperado.

Estos son dos de los aspectos clave en la construcción del ambiente en el que se crió la siguiente generación, como iremos viendo en los próximos artículos. Entender a una generación implica, en primer lugar, una labor de contextualización. En contra de lo que se suele dar a entender en muchos artículos, la generación Facebook no ha surgido de la nada. Sus principales características son heredadas, ya estaban (en potencia o en acto) en las generaciones precedentes. Los Millenials simplemente las “mamaron”. Como iremos viendo, las grandes diferencias inter-generacionales vendrán más determinadas por la gestión de un entorno (tecnológico y sociológico) en constante evolución y por la mal llamada sociedad del bienestar .

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