El desafío de la economía colaborativa

La empresa de taxis más grande del mundo no posee ningún vehículo (Uber). La red social con más miembros no genera ningún contenido (Facebook). La empresa de retail más valiosa no tiene stock (Alibaba). La empresa hostelera más grande del mundo no posee ningún inmueble (Airbnb). Algo interesante está pasando.” Tom Goodwin, vicepresidente estratégico de Havas Media.

Antes de que fuese un término en boca de todos, la economía colaborativa era una realidad vivida en muchos ámbitos empresariales y sociales. Desde la escalera de una comunidad de vecinos hasta una cooperativa, compartir e intercambiar bienes ha sido una constante en nuestras relaciones económicas. ¿Por qué ahora se ve como una novedad? ¿Por qué la revista Time considera el consumo colaborativo una de las diez ideas que transformarán el mundo?[1]

El factor diferencial, claramente, es la eclosión de las redes sociales y de las posibilidades que generan a la hora de conectar a posibles usuarios y el tratamiento matemático de la huella digital de dichos usuarios. Pero hay otros factores que han influido decisivamente en el auge de la colaboración, o que incidirán en su generalización. Iremos repasando algunos de estos puntos en las siguientes líneas.

Una reflexión necesaria

La población mundial crecerá hasta los 9000 millones para el año 2050, según apuntan todos los estudios y previsiones. Una derivada evidente de esta tendencia es la referente a los recursos básicos que usamos: según un informe de McKinsey de 2014, “Resource Revolution”, en el período 2010-2030 el consumo de recursos básicos o sufre una mejora de la productividad anual nada desdeñable (ver cuadro adjunto) o se creará un peligroso cuello de botella.